ICGLICU

Iglesia Cristiana-Gnóstica Litelantes de la Caridad Universal

Capítulo III - EL ALMA

El animal intelectual llamado hombre no tiene alma. El animal intelectual realmente sólo tiene material psíquico para fabricar alma, el animal intelectual debe fabricar alma.

 

Debemos distinguir entre el yo y el alma, el yo no es el alma, el yo no es divino, el yo no es inmortal, el yo continúa después de la muerte y se reencarna para satisfacer vicios, pasiones y deseos, eso es todo.

 

Cada reencarnación es una repetición de todos los actos de nuestras vidas pasadas, más sus consecuencias buenas y malas.

 

El yo es pluralizado. El yo es legión de diablos que continúan más allá del sepulcro. El cuerpo del yo es el cuerpo de deseos.

 

Después de la muerte, el yo en su cuerpo de deseos continúa y se reencarna para satisfacer sus pasiones.

 

La raíz de toda amargura es el yo. La raíz de la ignorancia es el yo. Nacer es dolor, morir es dolor, vivir es dolor, realmente el yo es el origen del dolor.

 

El yo es legión de diablos, legión de yoes; dentro de una persona existen muchas personas, muchos yoes. Los seudo-esoteristas mal informados creen que tenemos una sola mente.

 

Realmente tenemos miles de mentes, cada pequeño yo de la legión que compone el yo tiene su mente, ideas y proyectos propios. El hombre no tiene siquiera individualidad, singularidad, unidad. El llamado hombre es legión de diablos, eso es todo.

 

Sé que estamos hablando con términos que a los seudo-sapientes no les gustan, pero ¿qué vamos a hacer?, debemos hablar con franqueza la verdad.

 

La verdad a nadie le gusta pero debemos decir la verdad, la gente cree que tiene alma cuando en verdad sólo tiene dentro al Satán (el yo). El Satán, la legión del yo, el ego, gasta torpemente el material anímico, el material psíquico en explosiones atómicas de ira, codicia, lujuria, orgullo, envidia, pereza, gula, etc.

 

De la nada, nada puede salir; si el yo gasta la materia prima, el material anímico, es claro que no podemos fabricar alma. Quien no fabrica alma es devorado por el abismo, a su tiempo y a su hora. “¿De qué le valdrá a un hombre poseer todos los tesoros del mundo si pierde su alma?”.

 

Realmente sólo existe un sistema para fabricar alma, ese sistema es el de disolver el yo. Muerto el yo, ya no existe el gastador, entonces el material anímico se acumula dentro convirtiéndose en un centro permanente de conciencia. Ese centro se llama alma. Eso es alma, necesitamos fabricar alma.

 

SISTEMA PARA DISOLVER EL YO

El yo no se disuelve con santurronería ni con poses de fingidas mansedumbres, ni con fanatismos estúpidos, es necesario hacerle la disección al yo con el bisturí de la autocrítica. Tenemos que aprender a criticamos así mismos, necesitamos de la auto-crítica.

 

El yo es un libro de muchos tornos, tenemos que estudiar ese libro detenidamente si es que realmente queremos disolver el yo y fabricar alma.

 

Lo primero que necesitamos es auto-observarnos cuidadosamente para descubrir nuestros propios defectos, lo segundo es analizar intelectualmente nuestros defectos, lo tercero es meditar profundamente en ellos para descubrir cómo se comportan en tos distintos niveles de la mente, recordad que la mente tiene muchas profundidades que normalmente ignoramos.

 

Muchos santos que aquí en el mundo físico asombraban al mundo por su santidad, continuaban en otros niveles de la mente siendo grandes pecadores, y cuando ellos lo descubrieron, sufrieron muchísimo y llevaron saco y cilicio, y ayunaron e hicieron grandes y espantosas penitencias, casi siempre esos santos fracasaron cuando se les sometió a prueba en los mundos superiores.

 

Necesitamos morir de instante en instante, sólo con la muerte adviene lo nuevo, cada vez que comprendemos íntegramente un defecto, se desintegra en los mundos internos el yo que lo personifica, cada vez que se desintegra un yo adviene a nosotros algo nuevo, un poder, una verdad, una virtud , etc., etc., etc.

 

No es diciendo: voy a ser caritativo, verídico, honrado, casto, pacífico, como se llega a tener esas virtudes; realmente esas virtudes nacen en nosotros como resultado de la comprensión profunda, si comprendemos profundamente lo que es la crueldad, nacerá en nosotros la caridad.

 

Si comprendemos profundamente lo que es la mentira, la falsedad, es claro que nacerá en nosotros el anhelo ferviente de decir siempre la verdad y nada más que la verdad, y así sucesivamente con todas las virtudes, todas ellas advienen a nosotros cuando comprendemos profundamente nuestros propios errores.

 

Sólo a base de auto-observación profunda, análisis intelectual y meditación perfecta, podemos llegar a comprender íntegramente cada uno de nuestros defectos. Inútilmente podemos afirmar miles de veces, voy a ser casto, templado, pacífico, desinteresado, etc., si no comprendemos íntegramente nuestros defectos en todos los niveles de la mente.

 

Si queremos disolver el yo pluralizado debemos dejar el perorgullo de creemos buenos y santos, aquellas personas que han leído teosofía, rosacrucismo, espiritualismo, etc., tienen una marcada tendencia a creerse buenas, caritativas, puras, etc.

 

Dichas personas inconscientemente luchan por auto-conservar el yo, no quieren reconocer sus propios errores, son peores que los llamados profanos porque estos por lo menos no se creen santos, ni presumen de virtuosos.

 

Realmente tenemos que partir de cero si es que queremos disolver el yo, el mi mismo, el ego reencarnante.

 

Gústenos o no nos guste, la verdad es que nosotros somos diablos, gentes perversas.

 

Si negamos esta espantosa verdad resulta imposible disolver el yo.

 

Si aceptamos esta espantosa verdad comenzamos inmediatamente a morir de instante en instante.

 

Debemos recordar que entre el incienso de la oración también se esconde el delito, entre el perfume de la cortesía también se esconde el delito, entre la cadencia milagrosa de un verso también se esconde el delito.

 

Realmente el delito se disfraza de santo, de maestro, de anacoreta, de penitente, de sacerdote, de caritativo, de perfecto, etc.

 

Si nosotros queremos disolver el yo tenemos que resolvernos a auto-explorarnos profundamente en todos los niveles de la mente, necesitamos ser sinceros con nosotros mismos, ser honrados en la vida y no presumir de buenos ni de santos porque todos nosotros somos realmente unos malvados.

 

Lo que hemos dicho es duro, muy duro, demasiado duro, y puede que no le guste a los santurrones, pero es la verdad y si no la reconocemos se hace absolutamente imposible disolver el yo.

 

Debemos hablar claro, debemos hablar con franqueza sobre estas cosas si es que realmente queremos que la gente comprenda lo que es la técnica de la disolución del yo.

 

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